Entre 1968 y 1969, un asesino serial aterrorizó el Área de la Bahía de San Francisco con una campaña de violencia calculada y comunicación pública sin precedentes. El Zodiaco no solo mató a cinco personas confirmadas, sino que envió cartas burlonas, criptogramas complejos y amenazas escalofriantes a los medios y la policía. Firmando con un distintivo símbolo de círculo cruzado, desafió abiertamente a las autoridades a descubrir su identidad mientras reclamaba hasta 37 víctimas. A pesar de décadas de investigación exhaustiva, cientos de sospechosos y avances forenses modernos, el Zodiaco nunca fue identificado ni capturado, convirtiéndose en uno de los misterios criminales más notorios de la historia estadounidense.

Análisis Completo del Caso
Nombre: Desconocido (Caso sin resolver)
Alias: El Asesino del Zodiaco (The Zodiac Killer)
Años activos: 1968-1969 (confirmados), posiblemente 1963-1974
Víctimas confirmadas: 5
Víctimas reclamadas: 37
Zona de actividad: Área de la Bahía de San Francisco, California
Método principal: Arma de fuego, arma blanca
Estado: Sin resolver
Firma distintiva: Símbolo de círculo con cruz, cartas cifradas a los medios
El Asesino del Zodiaco permanece como uno de los criminales seriales más enigmáticos de la historia estadounidense. Entre 1968 y 1969, aterrorizó el Área de la Bahía de San Francisco con una serie de ataques brutales que dejaron al menos cinco víctimas confirmadas. Sin embargo, su notoriedad no proviene únicamente de sus crímenes, sino de su calculada campaña de comunicación con la policía y los medios, enviando cartas burlonas, criptogramas complejos y amenazas cada vez más audaces.
A diferencia de muchos asesinos seriales que buscan permanecer en las sombras, el Zodiaco anhelaba el reconocimiento público. Sus cartas, firmadas con un distintivo símbolo de círculo cruzado, desafiaban a las autoridades a descifrar sus códigos y descubrir su identidad. Llegó a reclamar 37 víctimas, aunque los investigadores solo han podido confirmar cinco muertes directamente atribuibles a él.
El caso generó una de las investigaciones criminales más extensas de la historia de California, involucrando múltiples jurisdicciones policiales y generando cientos de sospechosos potenciales. A pesar de décadas de investigación, avances tecnológicos en análisis forense y el esfuerzo de innumerables detectives, el Zodiaco nunca fue identificado ni capturado. Su caso permanece oficialmente sin resolver.
El período de actividad del Zodiaco coincidió con una época de profunda transformación social en Estados Unidos. El área de la Bahía de San Francisco experimentaba el auge de la contracultura hippie, las protestas contra la Guerra de Vietnam y un clima general de desconfianza hacia las instituciones. En este contexto de cambio y tensión social, las acciones del Zodiaco generaron un pánico colectivo que trascendió la mera preocupación por la seguridad pública.
Los medios de comunicación jugaron un papel crucial en el caso. La decisión de los periódicos de publicar las cartas y criptogramas del asesino, aunque controvertida, respondía tanto a la presión del criminal —que amenazaba con matar más personas si no se cumplían sus demandas— como al interés público masivo. Esta dinámica estableció un precedente problemático sobre cómo los medios manejan las comunicaciones de criminales seriales.
El 20 de diciembre de 1968, David Faraday, de 17 años, recogió a su novia Betty Lou Jensen, de 16 años. Según dijeron a los padres de Jensen, asistirían a un concierto navideño, pero en cambio se dirigieron a un lugar conocido como "lover's lane" (camino de enamorados) cerca de Lake Herman Road.
Aproximadamente a las 11:10 de la noche, media hora después de su llegada, ambos jóvenes fueron atacados. Un vehículo se detuvo junto al automóvil de Faraday, y el conductor descendió para abrir fuego contra la pareja. Según la evidencia en la escena, el atacante utilizó un rifle calibre .22 o una pistola con munición .22 LR.
La reconstrucción del crimen sugiere que el asesino disparó primero contra la ventana trasera derecha del vehículo, luego al neumático trasero izquierdo. Cuando los adolescentes intentaron escapar por la puerta del pasajero, Faraday fue alcanzado por un disparo en la cabeza mientras se encontraba junto a la rueda trasera derecha. Jensen logró salir del auto, pero fue abatida a 9 metros de distancia. Recibió cinco disparos en la espalda.
En total se dispararon diez proyectiles. La precisión de los disparos indicaba cierta competencia con armas de fuego, aunque no el nivel de un tirador experto. Todo el ataque duró apenas unos segundos. Una testigo, Stella Borges, reportó haber visto un Chevrolet Impala de color claro alejándose de Lake Herman Road hacia Benicia momentos antes de descubrir los cuerpos.
A pesar de una investigación exhaustiva conducida por el detective Les Lundblad del Departamento del Sheriff del Condado de Solano, no se pudo determinar un motivo para el crimen. Sin testigos directos ni sospechosos claros, el caso se estancó rápidamente.
Seis meses después del ataque en Lake Herman Road, otra pareja fue víctima de un asalto similar. Poco después de la medianoche del 4 de julio de 1969, Michael Mageau, de 19 años, y Darlene Ferrin, de 22 años, se encontraban en el estacionamiento del Blue Rock Springs Golf Course en Benicia.
Según el testimonio de Mageau, quien sobrevivió al ataque, un automóvil marrón (posiblemente un Ford Mustang o Chevy Corvair) se estacionó junto a ellos, permaneció brevemente y luego se alejó. Aproximadamente diez minutos después, el mismo vehículo regresó, esta vez estacionándose detrás del auto de Ferrin con los faros encendidos.
El ocupante descendió sosteniendo lo que parecía ser una linterna a la altura del brazo, ocultando su rostro. Cuando se acercó a la ventana del pasajero, Mageau creyó inicialmente que era un policía encubierto. Sin embargo, el hombre comenzó a disparar con una pistola de 9 mm a quemarropa.
Mageau fue alcanzado en el rostro y el cuerpo; algunos proyectiles lo atravesaron e impactaron a Ferrin. Al intentar refugiarse en el asiento trasero, recibió otro disparo en la rodilla izquierda. El atacante disparó repetidamente contra Ferrin, alcanzándola en ambos brazos y en la espalda.
Cuando el agresor regresó a su vehículo, escuchó a Mageau gritar y volvió para disparar dos veces más a cada víctima antes de huir. Mageau, aún consciente, logró encender las luces intermitentes del auto para pedir ayuda. Ferrin murió en la ambulancia camino al hospital, siendo declarada fallecida a las 12:38 de la madrugada.
A las 12:40, un hombre llamó a la central de policía de Vallejo. Con voz calmada y aparentemente leyendo de notas preparadas, declaró: "Quiero reportar un doble asesinato. Si van una milla al este por Columbus Parkway hacia el parque público, encontrarán niños en un auto marrón. Les dispararon con una Luger 9mm. Yo también maté a esos niños el año pasado. Adiós".
La llamada se rastreó hasta un teléfono público a pocas cuadras de la oficina del Sheriff de Vallejo, pero el autor ya había desaparecido.
El ataque en Lake Berryessa difiere significativamente de los anteriores, tanto en método como en ejecución. El 27 de septiembre de 1969, Bryan Hartnell y Cecelia Shepard, ambos estudiantes de Pacific Union College, realizaban un picnic en Twin Oak Ridge, una península en la orilla oeste del lago.
Al atardecer, fueron abordados por un hombre que Hartnell describió inicialmente como alguien común en sus treinta años. Sin embargo, antes de acercarse completamente, el individuo se ocultó detrás de unos árboles donde se colocó una capucha casera de cuatro esquinas con agujeros para los ojos y la boca. La capucha tenía bordado el símbolo del círculo cruzado que posteriormente se convertiría en la firma del Zodiaco.
Apuntándolos con una pistola semiautomática, el hombre afirmó ser un convicto fugitivo que necesitaba dinero y el auto de Hartnell para llegar a México. Aceptó el dinero pero dejó las llaves del auto. Luego ordenó a Shepard que atara a Hartnell con cuerda precortada que llevaba consigo. Una vez que Shepard completó la tarea, el atacante ajustó las ataduras y procedió a amarrar a la joven.
Entonces declaró: "Voy a tener que apuñalarlos". Cuando Hartnell pidió que lo apuñalara primero para proteger a su amiga, el hombre accedió. Utilizó lo que parecía ser una bayoneta de doble filo de aproximadamente 30 centímetros. Apuñaló a Hartnell seis veces y a Shepard diez veces. Las heridas de Shepard resultaron fatales.
Después de dejar a ambos aparentemente muertos, el atacante caminó hacia el auto de Hartnell y escribió con marcador negro en la puerta:
Vallejo
12-20-68
7-4-69
Sept 27-69-6:30
by knifePoco más de una hora después, el asesino llamó al departamento de policía de Napa desde un teléfono público, declarando con calma: "Quiero reportar un asesinato... no, un doble asesinato. Están a dos millas al norte de la sede del parque. Estaban en un Volkswagen Kharmann Ghia blanco". Cuando el operador intentó obtener más información, el hombre respondió: "Yo soy el que lo hizo" y colgó.
Hartnell sobrevivió al ataque, aunque sufrió lesiones graves. Shepard murió dos días después en el hospital.
La autenticidad de este ataque como crimen del Zodiaco ha sido debatida. Difería significativamente de los ataques previos en varios aspectos: el uso de una capucha elaborada, el empleo de un arma blanca en lugar de una pistola, la larga interacción verbal con las víctimas y la elección de un lugar abierto en pleno día. Sin embargo, la presencia del símbolo distintivo del Zodiaco y la posterior cronología de crímenes lo vinculan al caso.
El asesinato de Paul Stine marcó un cambio significativo en el patrón del Zodiaco. Por primera vez, el asesino atacó a una víctima solitaria en un área urbana durante la noche, abandonando su método de atacar parejas en zonas aisladas.
El 11 de octubre de 1969, Paul Stine, taxista de 29 años, recogió a un pasajero masculino en la esquina de las calles Mason y Geary en Union Square, San Francisco. El destino registrado era la esquina de Washington y Maple Streets en Presidio Heights. Cuando el taxi se detuvo en la intersección de Washington y Cherry Streets, el pasajero sacó un arma y disparó a Stine a quemarropa en el lado derecho de la cabeza.
Testigos adolescentes observaron desde una ventana del segundo piso cómo el asesino revisaba los bolsillos de Stine, tomando su billetera y llaves. Luego cortó un pedazo grande de la parte trasera de la camisa de Stine, empapándola en sangre antes de llevársela consigo. Los testigos también observaron al asesino limpiando el interior y exterior del taxi, presumiblemente para eliminar huellas dactilares.
En un error crítico, cuando la policía transmitió la descripción del sospechoso por radio, lo describieron incorrectamente como un hombre negro. Como resultado, cuando los oficiales Eric Zelms y Donald Foukes vieron a un hombre blanco robusto caminando por Jackson Street minutos después del crimen, no lo consideraron sospechoso. Cuando se corrigió la descripción e inició una búsqueda intensiva, el asesino ya había desaparecido.
El oficial Foukes describió al hombre que vieron como de 35 a 45 años, aproximadamente 1.75 metros de altura, entre 80 y 90 kilogramos, complexión robusta, tez media y cabello claro posiblemente con canas en la parte trasera. Vestía una chaqueta con puños y pretina elásticos, pantalones de lana marrón plisados y posiblemente zapatos bajos.
En la escena del crimen, los expertos forenses encontraron numerosas huellas utilizables, incluyendo treinta huellas dactilares, tres palmares y una huella palmar o de dedo inferior dentro y fuera del taxi. Sin embargo, ninguna de estas huellas coincidió posteriormente con sospechosos en las bases de datos del FBI.
El 31 de julio de 1969, tres periódicos —San Francisco Chronicle, Vallejo Times-Herald y San Francisco Examiner— recibieron cartas del asesino. Cada carta venía acompañada de un tercio de un criptograma de 408 símbolos y reclamaba responsabilidad por los asesinatos de Lake Herman Road y Blue Rock Springs.
El autor proporcionaba detalles específicos de las escenas del crimen que solo el asesino y la policía conocían, incluyendo la marca de munición utilizada, el número de disparos y la posición de las víctimas. Las cartas amenazaban con "ir en una ola de asesinatos" si el criptograma no se publicaba en la primera página antes del 1 de agosto.
Cada carta concluía con un símbolo distintivo: un círculo con una cruz sobrepuesta, que se convertiría en la firma reconocible del Zodiaco.
El 1 o 2 de agosto llegó una segunda carta al San Francisco Examiner en la que el autor se refería a sí mismo por primera vez como "el Zodiaco". Esta carta de tres páginas proporcionaba detalles adicionales sobre el ataque de Blue Rock Springs, aparentemente en respuesta a la solicitud del Jefe de Policía de Vallejo de más información para verificar la autenticidad.
En esta comunicación, el Zodiaco describió cómo había disparado a Mageau, explicó que no huyó a alta velocidad como reportaron los testigos, y reveló un detalle técnico perturbador: había pegado una pequeña linterna al cañón de su arma para mejorar la precisión en la oscuridad, permitiéndole "rociarlos como si fuera una manguera de agua".
El criptograma de 408 símbolos fue resuelto el 8 de agosto por Donald y Bettye Harden, profesores de secundaria de Salinas. El mensaje descifrado revelaba las motivaciones perturbadas del asesino:
"ME GUSTA MATAR GENTE PORQUE ES MUY DIVERTIDO. ES MÁS DIVERTIDO QUE MATAR ANIMALES SALVAJES EN EL BOSQUE PORQUE EL HOMBRE ES EL ANIMAL MÁS PELIGROSO DE TODOS. MATAR ALGO ME DA LA EXPERIENCIA MÁS EMOCIONANTE. ES INCLUSO MEJOR QUE ACOSTARSE CON UNA CHICA. LA MEJOR PARTE ES QUE CUANDO MUERA RENACERÉ EN EL PARAÍSO Y TODOS LOS QUE HE MATADO SE CONVERTIRÁN EN MIS ESCLAVOS. NO DARÉ MI NOMBRE PORQUE TRATARÁN DE FRENAR O DETENER MI COLECCIÓN DE ESCLAVOS PARA MI VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE".
En noviembre de 1969, el Zodiaco envió una tarjeta de felicitación con la imagen de una "pluma goteante" junto con un nuevo criptograma de 340 caracteres que permanecería sin resolver durante 51 años. Esta carta incluía por primera vez un conteo de víctimas: afirmaba haber matado a siete personas, aunque solo se le atribuían cinco muertes confirmadas.
Días después llegó la carta de la "bomba para autobús", en la que el Zodiaco detallaba un plan elaborado para atacar un autobús escolar. Incluía un diagrama esquemático de lo que llamaba su "máquina de muerte" y amenazaba con implementarlo si no se seguían sus instrucciones. Esta amenaza causó considerable pánico entre padres y autoridades escolares del Área de la Bahía.
En diciembre de 1969, envió una carta al abogado Melvin Belli con otro pedazo de la camisa ensangrentada de Paul Stine. Esta comunicación difería de las anteriores en tono, presentándose como una súplica de ayuda: "Por favor ayúdeme. No puedo alcanzar porque esta cosa en mí no me lo permite. Me resulta extremadamente difícil mantenerme bajo control. Temo que perderé el control nuevamente y tomaré mi novena y posiblemente décima víctima".
A lo largo de 1970 y 1974, el Zodiaco continuó enviando cartas esporádicas, cada vez reclamando más víctimas. En abril de 1970 afirmaba haber matado a diez personas. En julio de ese año incluyó una versión distorsionada de la canción "I've Got a Little List" del musical The Mikado, describiendo en detalle gráfico cómo torturaría a sus "esclavos" en la vida después de la muerte.
El criptograma de 340 caracteres enviado en noviembre de 1969 resistió todos los intentos de desciframiento durante más de cinco décadas. Finalmente, en diciembre de 2020, un equipo de criptoanalistas —David Oranchak, Sam Blake y Jarl Van Eycke— lograron resolverlo utilizando software moderno.
El mensaje descifrado revelaba:
"ESPERO QUE SE ESTÉN DIVIRTIENDO MUCHO TRATANDO DE ATRAPARME. ESO NO FUE YO EN EL PROGRAMA DE TV LO QUE ME TRAE NUEVAMENTE AL PUNTO TRATO DE HACER ES QUE NO TENGO MIEDO DE LA CÁMARA DE GAS PORQUE ME ENVIARÁ AL PARAÍSO MÁS RÁPIDO PORQUE AHORA TENGO SUFICIENTES ESCLAVOS PARA TRABAJAR PARA MÍ DONDE TODOS LOS DEMÁS TIENEN QUE QUEDARSE SIN TENER NADA CUANDO LLEGUE AL PARAÍSO ELLOS TENDRÁN MIEDO DE LA MUERTE LA VIDA ES MUERTE".
El mensaje confirmaba que el llamante del programa de televisión AM San Francisco en octubre de 1969 —que se identificó como "Sam" y posteriormente fue rastreado hasta un paciente de una institución mental— no era el Zodiaco genuino.
La investigación del Zodiaco enfrentó desafíos significativos debido a la naturaleza multijiurisdiccional de los crímenes. Los ataques ocurrieron en diferentes condados —Solano, Napa y San Francisco— lo que requirió coordinación entre múltiples agencias policiales que históricamente operaban de manera independiente.
Los detectives Bill Armstrong y Dave Toschi del Departamento de Policía de San Francisco se convirtieron en las figuras más prominentes de la investigación, especialmente después del asesinato de Paul Stine. Toschi, en particular, dedicó décadas al caso, convirtiéndose en sinónimo de la búsqueda del Zodiaco.
A pesar de múltiples escenas del crimen, la evidencia física utilizable resultó sorprendentemente escasa. Se recuperaron huellas dactilares parciales de algunas cartas, incluyendo una huella palmar del teléfono público usado después del ataque de Lake Berryessa. Sin embargo, estas huellas nunca coincidieron con ningún sospechoso en las bases de datos.
En la escena del crimen de Paul Stine se encontraron numerosas huellas, pero no se pudo determinar definitivamente cuáles pertenecían al asesino y cuáles a oficiales que respondieron al incidente.
Las huellas de calzado encontradas en Lake Berryessa revelaron que el atacante usaba botas militares Wing Walker talla 10½, y la profundidad de las impresiones sugería un hombre de constitución robusta.
El análisis balístico confirmó que la misma munición de 9mm fue utilizada tanto en el ataque de Blue Rock Springs como en el asesinato de Paul Stine, estableciendo un vínculo definitivo entre ambos crímenes.
Los sobrevivientes y testigos proporcionaron descripciones consistentes aunque generales del atacante: un hombre blanco, robusto, de entre 1.70 y 1.85 metros de altura, pesando entre 80 y 95 kilogramos, con cabello castaño oscuro. Sin embargo, estas descripciones eran lo suficientemente comunes como para aplicarse a miles de hombres en el Área de la Bahía.
Michael Mageau, sobreviviente del ataque de Blue Rock Springs, describió al asesino como de aproximadamente 1.73 metros, constitución robusta con al menos 88 kilogramos, rostro grande y prominente. Bryan Hartnell, sobreviviente de Lake Berryessa, ofreció una descripción similar, aunque notó que el asesino parecía más joven de cerca que desde la distancia.
Los oficiales Foukes y Zelms, quienes posiblemente vieron al asesino después del asesinato de Stine, proporcionaron la descripción más detallada: hombre de 35 a 45 años, aproximadamente 1.75 metros, entre 80 y 90 kilogramos, complexión robusta tipo barril, tez media, cabello claro posiblemente canoso en la parte trasera.
El análisis de la escritura manuscrita del Zodiaco se convirtió en un componente crucial de la investigación. Sherwood Morrill, experto en documentos cuestionados del Estado de California, examinó todas las comunicaciones conocidas del Zodiaco y estableció características distintivas que permitieron verificar la autenticidad de las cartas.
Las características incluían errores ortográficos consistentes, ciertos patrones en la formación de letras y el uso distintivo del símbolo del círculo cruzado. Este análisis permitió a los investigadores distinguir entre comunicaciones genuinas del Zodiaco y las numerosas cartas falsas enviadas por imitadores.
El 30 de octubre de 1966, Cheri Jo Bates, estudiante de 18 años, fue brutalmente asesinada cerca del estacionamiento de la biblioteca del Riverside City College. Fue apuñalada múltiples veces, con cortes tan profundos en la garganta que casi fue decapitada.
El asesino había deshabilitado su Volkswagen verde lima para atraerla. Casi un mes después, se enviaron cartas anónimas a la policía y medios locales reclamando responsabilidad. Cartas posteriores enviadas en abril de 1967 contenían un símbolo curioso similar a la letra Z con un trazo inicial parecido al número 3.
El periodista Paul Avery del San Francisco Chronicle investigó posibles conexiones con el Zodiaco en 1970. El experto en escritura Sherwood Morrill opinó que la escritura en un escritorio de la biblioteca coincidía con las cartas del Zodiaco. Sin embargo, las diferencias en el modus operandi —uso extensivo de arma blanca en lugar de arma de fuego, ataque no planificado, víctima solitaria femenina— generaron escepticismo.
El Zodiaco nunca reclamó explícitamente a Bates como víctima, aunque en una carta de marzo de 1971 aludió a "mi actividad de Riverside". La conexión permanece sin confirmar.
En la noche del 22 de marzo de 1970, Kathleen Johns conducía con su bebé por la autopista 132 cuando un hombre en un automóvil de color claro le indicó que una de sus ruedas estaba suelta. El hombre simuló ajustar las tuercas pero en realidad las removió completamente.
Cuando la rueda se desprendió, el hombre ofreció llevarla a una estación de servicio. Durante más de una hora y media, condujo sin rumbo por Tracy, pasando múltiples estaciones de servicio. Cuando Johns preguntó por qué no se detenían, él respondió críticamente que "no eran las correctas".
Aterrorizada, Johns finalmente escapó con su bebé cuando el auto redujo la velocidad. El hombre apagó sus luces y esperó en silencio antes de alejarse. Un automovilista la rescató y la llevó a la estación de policía en Patterson.
Mientras esperaba en la estación, Johns vio un cartel con el boceto compuesto del Zodiaco y lo identificó positivamente como su secuestrador. Su vehículo fue encontrado posteriormente completamente incendiado cerca de una intersección interestatal.
En julio de 1970, el Zodiaco envió una carta aludiendo aparentemente a este incidente: "Tengo una pequeña lista, comenzando con esa mujer y su bebé a quienes di un paseo bastante interesante durante un par de horas una noche hace unos meses que terminó con la quema de su auto donde los encontré".
Johns posteriormente dio relatos variables del incidente y identificó a diferentes hombres como su agresor en distintas ocasiones. Admitió que su memoria no era confiable. La autenticidad de este incidente como crimen del Zodiaco permanece debatida.
Donna Lass, enfermera de 25 años, desapareció del Sahara Tahoe Casino en South Lake Tahoe aproximadamente a las 2:00 de la madrugada del 6 de septiembre de 1970. La última entrada en su libro de registro fue a la 1:50. Aunque su auto fue encontrado en su complejo de apartamentos, ella nunca fue vista saliendo del casino.
Al día siguiente, un hombre desconocido contactó a su empleador y arrendador afirmando que Lass no regresaría debido a una emergencia familiar. La llamada resultó ser un engaño. No hubo evidencia de su paradero y nunca fue encontrada.
En marzo de 1971, una postal con la imagen del complejo "Sierra Club" en Lake Tahoe fue enviada con frases perforadas incluyendo "Buscó víctima 12". Algunos investigadores conectaron esto con la desaparición de Lass, especialmente porque vivía cerca de la escena del asesinato de Paul Stine.
Sin embargo, nunca se proporcionó prueba física como en otros casos del Zodiaco. Un exinvestigador posteriormente admitió en 1999 haber falsificado la postal. La conexión con el Zodiaco permanece no confirmada.
Arthur Leigh Allen emergió como el sospechoso principal del caso Zodiaco debido a una cantidad extraordinaria de evidencia circunstancial. Fue entrevistado por primera vez por el detective John Lynch de Vallejo el 6 de octubre de 1969, solo días después del ataque de Lake Berryessa.
Allen poseía varias armas de fuego, una de las cuales supuestamente mantenía siempre en su auto. Era ambidiestro, lo que podría explicar discrepancias en el análisis de escritura. Disfrutaba abiertamente de la notoriedad asociada con ser sospechoso del Zodiaco.
En diciembre de 1990, el criminal Ralph Spinelli, buscando un acuerdo para reducir cargos por robo a mano armada, identificó a Allen como el Zodiaco. Spinelli afirmó que Allen se había incriminado durante conversaciones. Esta información llevó a una orden de registro del domicilio de Allen en enero de 1991.
Durante el registro se encontró una máquina de escribir Royal, similar a la utilizada para escribir cartas enviadas a la policía de Riverside en noviembre de 1966. Sin embargo, no se descubrió evidencia definitiva que lo vinculara a los crímenes.
Allen murió de insuficiencia cardíaca arteriosclerótica el 26 de agosto de 1992, antes de que pudieran presentarse cargos. En 1998, el sobreviviente Mike Mageau identificó a Allen en una rueda de reconocimiento como el hombre que creía lo había atacado. Bryan Hartnell también identificó la voz y apariencia física de Allen como similares al atacante de Lake Berryessa.
En 2002, se desarrolló un perfil parcial de ADN a partir de saliva en sellos y sobres de las cartas del Zodiaco. Cuando se comparó con el ADN de Allen, no hubo coincidencia. Su escritura también fue examinada y los expertos concluyeron que no coincidía con la del Zodiaco, aunque su ambidexterismo complica esta conclusión.
A pesar de ser excluido por evidencia de ADN, Allen permanece como el sospechoso favorito de muchos investigadores y aficionados debido al volumen de evidencia circunstancial.
A lo largo de las décadas, cientos de personas han sido propuestas como posibles sospechosos. Entre los más prominentes:
Lawrence Kane fue identificado por Kathleen Johns en 1992 como su secuestrador. Tenía antecedentes de violencia y vivía en el Área de la Bahía durante los crímenes. Sin embargo, la evidencia que lo vincula a los asesinatos confirmados del Zodiaco es principalmente circunstancial.
Rick Marshall residía a solo 137 metros de la escena del asesinato de Paul Stine. Algunos investigadores lo consideraron un sospechoso viable, pero nunca se presentó evidencia sólida en su contra.
Earl Van Best Jr. fue propuesto como sospechoso por su propio hijo en un libro publicado en 2014. Las afirmaciones se basaban en similitudes en la escritura y circunstancias personales, pero los investigadores profesionales desestimaron en gran medida la teoría.
Gary Francis Poste fue identificado en octubre de 2021 por un grupo de investigadores independientes llamado "Case Breakers". Basaron su conclusión en análisis forense fotográfico, desciframiento de mensajes y otras evidencias circunstanciales. Sin embargo, el FBI y el Departamento de Policía de San Francisco no confirmaron estas afirmaciones.
Ninguno de estos sospechosos ha sido confirmado oficialmente como el Zodiaco por las autoridades encargadas del caso.
El comportamiento del Zodiaco sugiere varios rasgos psicológicos distintivos. Su necesidad compulsiva de comunicarse con los medios y la policía indica un fuerte deseo de reconocimiento y control. A diferencia de muchos asesinos seriales que operan en secreto, el Zodiaco anhelaba la atención pública.
Los criptogramas que enviaba servían múltiples propósitos psicológicos: demostraban su supuesta superioridad intelectual, burlaban a las autoridades y extendían su control sobre la narrativa pública. El hecho de que el primer criptograma resuelto revelara motivaciones relacionadas con esclavitud en la vida después de la muerte sugiere posibles creencias religiosas o espirituales distorsionadas.
Su capacidad para permanecer calmado durante y después de los ataques —evidenciada por las llamadas telefónicas serenas que realizó— indica un alto nivel de control emocional y posiblemente rasgos psicopáticos. La escalada gradual desde ataques rápidos con armas de fuego hasta el elaborado ritual de Lake Berryessa sugiere creciente confianza y audacia.
El método del Zodiaco evolucionó durante su campaña criminal. Inicialmente atacaba parejas en ubicaciones aisladas durante fines de semana nocturnos, utilizando emboscadas rápidas con armas de fuego. Este patrón cambió dramáticamente con el ataque de Lake Berryessa, donde empleó un elaborado disfraz, arma blanca y prolongada interacción con las víctimas.
El asesinato de Paul Stine representó otra desviación significativa: víctima solitaria, área urbana, horario nocturno pero no fin de semana. Estos cambios podrían indicar adaptación táctica, escalada en audacia o simplemente oportunismo.
La selección de víctimas parecía basarse más en la disponibilidad y la oportunidad que en un tipo específico. Las parejas jóvenes en lugares aislados representaban blancos vulnerables con pocas posibilidades de escapar. El cambio a Stine pudo haber sido motivado por el deseo de demostrar que nadie estaba a salvo.
La firma distintiva del Zodiaco —el símbolo del círculo cruzado— aparecía en todas sus comunicaciones verificadas y en la escena del crimen de Lake Berryessa. Este símbolo servía como marca de autenticidad y reforzaba su identidad criminal.
Su ritual de comunicación con los medios también constituía parte de su firma. Cada carta seguía patrones similares: introducción característica ("Este es el Zodiaco hablando"), detalles íntimos de los crímenes, amenazas o demandas, errores ortográficos consistentes y el símbolo final.
La toma de trofeos —específicamente los pedazos ensangrentados de la camisa de Paul Stine— representa otro elemento de su firma, proporcionando tanto prueba de autoría como recuerdos personales de sus crímenes.
Los crímenes del Zodiaco generaron un pánico generalizado en el Área de la Bahía. La amenaza de atacar un autobús escolar provocó que padres mantuvieran a sus hijos en casa y que las autoridades implementaran medidas de seguridad sin precedentes en las rutas escolares.
La naturaleza aparentemente aleatoria de los ataques —especialmente después del asesinato de Paul Stine que rompió el patrón de parejas en lugares aislados— hizo que los residentes sintieran que nadie estaba a salvo. Esta sensación de vulnerabilidad universal era inusual para la época.
El caso del Zodiaco estableció un precedente problemático sobre cómo los medios de comunicación manejan las demandas de criminales seriales. Los periódicos enfrentaron un dilema ético: publicar las cartas y criptogramas del asesino potencialmente alimentaba su ego y cumplía sus demandas, pero negarse podría resultar en más víctimas según sus amenazas.
La decisión de publicar la mayoría de las comunicaciones del Zodiaco fue controvertida. Mientras algunos argumentaban que informar al público era responsabilidad periodística, otros sostenían que esto simplemente proporcionaba al asesino la plataforma que buscaba.
La extensa cobertura mediática también complicó la investigación, generando miles de pistas falsas y confesiones de imitadores que consumieron recursos policiales valiosos.
El caso del Zodiaco ha ejercido una influencia duradera en la cultura popular estadounidense. Ha inspirado numerosas películas, incluyendo "Dirty Harry" (1971), donde el villano Scorpio se basó explícitamente en el Zodiaco, y "Zodiac" (2007) de David Fincher, una adaptación del libro de Robert Graysmith que reexaminó el caso con rigor cinematográfico.
Docenas de libros, documentales y podcasts han explorado el caso desde múltiples ángulos. La identidad sin resolver del Zodiaco lo ha convertido en objeto de fascinación para generaciones de investigadores aficionados, algunos de los cuales han dedicado décadas a intentar resolver el misterio.
El caso también influyó en cómo las agencias policiales abordan investigaciones de asesinos seriales, especialmente en cuanto a coordinación interagencial y manejo de comunicaciones con los medios.
Los avances en tecnología forense han renovado periódicamente la esperanza de resolver el caso. En 2002, el desarrollo de un perfil parcial de ADN a partir de saliva en las cartas del Zodiaco representó un avance significativo, aunque hasta ahora no ha producido una identificación definitiva.
El análisis de ADN excluyó a Arthur Leigh Allen como donante, pero las limitaciones del perfil parcial significa que no puede usarse para identificar positivamente al Zodiaco a través de bases de datos genealógicas como se hizo con el Golden State Killer.
El 11 de diciembre de 2020, un equipo internacional de criptoanalistas —David Oranchak (Estados Unidos), Jarl Van Eycke (Bélgica) y Sam Blake (Australia)— anunciaron que habían descifrado el criptograma de 340 caracteres enviado en noviembre de 1969.
Utilizando software especializado que probó millones de posibles combinaciones, finalmente encontraron la solución. El FBI confirmó la autenticidad del desciframiento. Este logro después de 51 años demostró que los criptogramas del Zodiaco, aunque complejos, eran solucionables con suficiente esfuerzo computacional y análisis humano.
Sin embargo, el mensaje descifrado no contenía la identidad del Zodiaco como algunos esperaban, sino más bien reflexiones sobre su falta de miedo a la cámara de gas y su creencia en una vida después de la muerte donde sus víctimas serían sus esclavos.
En octubre de 2021, un grupo de investigadores independientes conocidos como "Case Breakers" identificaron a Gary Francis Poste, fallecido en 2018, como el Zodiaco. Basaron sus conclusiones en análisis forense de fotografías, desciframiento de mensajes y otras evidencias circunstanciales.
Sin embargo, tanto el FBI como el Departamento de Policía de San Francisco emitieron declaraciones indicando que el caso permanece abierto y sin resolver, y que no han identificado oficialmente al Zodiaco. La comunidad de investigadores del caso permanece dividida sobre la validez de esta identificación.
El caso continúa siendo investigado activamente por las agencias policiales correspondientes, aunque con recursos limitados dado el tiempo transcurrido y la naturaleza fría del caso.
El caso del Zodiaco expuso deficiencias significativas en la coordinación entre jurisdicciones policiales. Los asesinatos ocurrieron en diferentes condados que operaban independientemente, retrasando el reconocimiento de patrones y compartir información crítica.
Esta experiencia condujo a mejoras en protocolos de colaboración interagencial para casos de asesinos seriales. Se establecieron mejores sistemas para compartir información sobre crímenes violentos no resueltos entre jurisdicciones.
El caso también destacó la importancia de preservar adecuadamente evidencia física. La huella palmar manchada del teléfono en Lake Berryessa representó una oportunidad perdida que podría haber identificado al asesino.
El estudio del caso del Zodiaco ha contribuido significativamente al campo de la criminología, particularmente en la comprensión de asesinos seriales que buscan atención mediática. Su comportamiento proporcionó un caso de estudio sobre cómo algunos asesinos seriales operan tanto física como psicológicamente.
El análisis de sus comunicaciones ha sido utilizado en cursos de perfilación criminal para ilustrar cómo los asesinos seriales pueden usar correspondencia con autoridades como extensión de su control y dominio.
Más de cinco décadas después de sus últimos crímenes confirmados, la identidad del Asesino del Zodiaco permanece desconocida. Este caso sin resolver continúa capturando la imaginación pública, generando teorías nuevas y atrayendo a investigadores aficionados que esperan ser quienes finalmente descifren el misterio.
Para las familias de las víctimas confirmadas —David Faraday, Betty Lou Jensen, Darlene Ferrin, Cecelia Shepard y Paul Stine— el caso representa una herida abierta, una búsqueda de justicia que nunca llegó. Los sobrevivientes Michael Mageau y Bryan Hartnell vivieron con las consecuencias físicas y psicológicas de sus encuentros con el asesino.
El caso permanece oficialmente abierto en San Francisco, Vallejo, Napa y otras jurisdicciones. Aunque la probabilidad de que el Zodiaco aún viva es baja dado el tiempo transcurrido, las autoridades mantienen que cualquier avance en tecnología forense o nueva evidencia podría finalmente resolver uno de los misterios criminales más notorios de la historia estadounidense.
El Asesino del Zodiaco representa un caso único en los anales del crimen estadounidense: un asesino serial que combinó violencia calculada con una campaña de comunicación pública sin precedentes. Sus cinco víctimas confirmadas representan solo una fracción del terror que infligió en el Área de la Bahía de San Francisco durante finales de la década de 1960.
A diferencia de muchos asesinos seriales cuya notoriedad surge de la cantidad de víctimas o la brutalidad de sus métodos, el Zodiaco se distinguió por su audacia psicológica. Desafió abiertamente a la policía, burló a los medios y aterrorizó a una población entera con amenazas cada vez más grandiosas.
El caso ilustra las limitaciones de las técnicas de investigación de la época, pero también la resiliencia de los investigadores que dedicaron carreras enteras a perseguir a un fantasma. Hombres como Dave Toschi personificaron la determinación incansable de obtener justicia, aunque esa justicia finalmente les eludió.
Más allá de la búsqueda del asesino, el caso del Zodiaco nos recuerda la fragilidad de la seguridad pública y cómo un solo individuo puede sembrar miedo en millones. También plantea preguntas incómodas sobre el papel de los medios de comunicación, el equilibrio entre informar al público y no amplificar la voz de un criminal, y las consecuencias no intencionadas de la cobertura sensacionalista.
Hoy, con herramientas forenses avanzadas y bases de datos genealógicas que han resuelto casos fríos de décadas, existe esperanza de que el Zodiaco finalmente sea identificado. Pero hasta ese día, permanece como un recordatorio sombrío de que algunos misterios resisten incluso los esfuerzos más persistentes por resolverlos, y que la justicia, aunque paciente, no siempre es inevitable.
Las víctimas —David, Betty Lou, Darlene, Cecelia y Paul— merecen ser recordadas no solo como estadísticas en un caso sin resolver, sino como personas jóvenes cuyas vidas fueron violentamente truncadas. Su memoria perdura más allá de la infamia de su asesino, recordándonos el costo humano real del crimen que ningún criptograma puede cifrar ni ninguna carta puede justificar.
ESTADO ACTUAL DEL CASO
Fecha: Enero 2026
Estatus: Sin resolver
Jurisdicciones activas: San Francisco PD, Vallejo PD, Napa County Sheriff
Sospechosos vivos conocidos: Ninguno confirmado
Evidencia disponible para análisis: ADN parcial, huellas sin identificar, documentos originales
Probabilidad de resolución: Moderada, dependiente de avances tecnológicos o nueva evidencia
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